Convergen ahora la primavera y el miedo.
De los aviones que sujetan el aire,
sólo nos llega el zozobrar escanciado de la envidia,
de sus alas, la mortalidad,
de sus cristales, el vaho de los niños revoltosos,
como éramos nosotros cuando decíamos adiós a los que volaban,
mientras agitábamos las manos y la inocencia.
De las antenas de las casas nos quedamos el cimbrear silencioso para la hora de la siesta.
Con sus costillas nos hacemos jaulas medianas y cremalleras de abrigos.
Del humo, el gris.
De las tejas, el valor a la altura.
El cielo, la luz y el limonero
también se ven desde nuestra ventana,
pero nunca hablamos de ellos, ni los cambiamos, ni los escondemos tras la espalda.
Porque el cielo, la luz y el limonero,
ya estaban, antes del miedo y la primavera,
ya estaban, antes del temblor y del comienzo.
Ya estaban.
Y no nos pertenecen los márgenes de la vida.
4 comentarios:
Primavera y miedo nunca se han llevado bien. Hagamos que estalle la esperanza.
La primavera se desprende del miedo con una mañana soleá y una tapa bajo el limonero.
Saludos, ;)
Pedro, ¡porsupuesto! =)
Gincrispi, así descubrió Newton la Ley de nosequé ¿no?
Pero no fue bajo un limonero, fue al pie de un olivo, con unas aceitunitas aliñás, me parece.
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