Esperabas un disparo, un ataque de tos, una quiebra repentina.
Esperabas una duna avanzando hacia ti, una mala escusa, una luz de emergencia.
Esperabas un atasco en los andenes, escarcha y miedo, prisas y ruido.
Esperabas el estallido de la farsa cuando los días cambiaran el turno.
Pero sólo ocurrió un parpadeo lento mientras se mecía el Adagio de Vivaldi cuando caíste a plomo en la cama. Sólo la humedad inamovible del techo. Sólo la agradable sensación de ingravidez entre el ahora y la ausencia. Sólo ocurrí yo, aun dormida, cuando abriste los ojos.
3 comentarios:
Quizá todo sea así, sin razón aparente y sin anuncio.
Devuelvo tu amable visita a La Acequia, en la que espero hallarte siempre que lo desees.
Cuando se esperan tantas cosas siempre falta alguna a la cita...
"Sólo ocurrí yo, aun dormida"
Me parece mucho y bueno...
Espero que el afortunado sepa apreciarlo.
Un abrazo
Mil gracias Pedro y Luis por dedicarme un poquito de vuestro tiempo. Pedro, a La Acequia me doy por invitada ;)
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