10 de agosto de 2010

Frágiles

Con ayuda de mi compañera, me llevé en la camilla a un niño que tenía las piernas ensangrentadas y no paraba de llorar, lo que me indicaba que se encontraba totalmente consciente. Después a una señora con algunas heridas leves por todo el cuerpo y una pierna rota, y a un chico autista que conservaba un casco en la cabeza algo magullado, suponía que acostumbraba a llevarlo por su enfermedad y eso le había salvado la vida. Yo tenía los guantes manchados de sangre, agudizaba la vista en busca de los cuerpos que mejor se encontraran. El suelo estaba lleno de cristales del autobús y al pasar por entre los que aún conservaban la consciencia me tendían la mano implorando mi ayuda, me cogían de los tobillos y me suplicaban que los llevara conmigo.

Se me partía el alma...

A algunos no les estimaba más de media hora de vida, me parecía horrible, impensable, dejarlos allí, pero no podía hacer otra cosa. Si realmente quería salvar alguna vida, debía elegir bien, a los que habían sido más fuertes, a los que habían sido más afortunados.

¡¿Pero quien era yo para elegir quien iba a morir y quién no?!

Estaba perdiendo tiempo y sin pensarlo más nos llevamos a dos chicas bastante afectadas, aunque las que mejor se encontraban, a mi juicio, de entre todos aquellos.
Ya de camino al hospital, mientras intentaba mantener conscientes a los afectados, me caían constantemente lágrimas por las mejillas. No podía borrar la imagen de todos los que había dejado allí, sin ninguna esperanza.
Desinfectando las heridas más leves se escuchó una tos profunda, un grito sonoro de una voz que no volvimos a oír. Una de las chicas había muerto.
Me derrumbé, me sentía fatal, no había sido capaz de elegir correctamente, habría podido salvar otra vida, pero ya era tarde.

Los demás sobrevivieron, los medios de comunicación dieron datos dispares acerca de lo sucedido aunque sólo los que estuvimos allí, contemplando la insoportable fragilidad humana, rozamos el siniestro dolor de la derrota.

8 comentarios:

M. dijo...

No mas lejos de la realidad. La vida a veces te pone en dudas morales muy chungas pero hay que tomar decisiones. Al menos salvo la vida de unas cuantas personas. Peor habria sido perder el tiempo decidiendo. A veces,todo es aleatorio.

SE dijo...

Cuando te mires al espejo, al fondo de tus ojos, verás esa vida que salvaste... lo demás son sombras que te impone tu misma exigencia.

Un saludo

Alea dijo...

M. tienes razón, nada sigue un orden concreto y no sabemos q va a pasarnos en los próximos 10 segundod.

Se, afortunadamente yo no fui la protagonista del relato, pero desgraciadamente conozco de cerca a esa persona. Y sí, lo admiro por tener la sangre fria en esas situaciones, es un salvavidas terrenal ;)

***Vanessa*** dijo...

Qué triste! A veces la vida nos pone pruebas muy difíciles donde no nos queda mucha elección.
Besos!

bichÖ dijo...

mmmmmmm que triste... pero hiciste todo lo que había en ti por esas personas, que mas que sentirte orgullosa de esas alas que tienes.... eres un angel... y ni los angeles son perfectos, imaginate..... eres grande sabes?
gracias por visitarme
te quiero bye

Fernanda dijo...

Aunque a veces caminemos por incercia nunca sabemos lo que pasará en los próximos segundos de nuestras vidas por eso he ahí el dicho, vivir a concho la vida.
Cariños.

Alea dijo...

Vanessa, pero debemos ser fuertes para superarlas =)

bichÖ, afortunadamente no fui yo la que estuvo en esa situación, pero conozco a ese ángel ;)

Fernanda, pues es la primera vez que escucho (leo) ese dicho, en españa tenemos otros como: a vivir que son dos dias! jaja no se si por alli también se dirá. Qué es a concho??

Besos

Sirventés dijo...

No fuiste tu quien estuvo ahí, y sin embrago lo escribes con esa emoción y con esa cercanía... Estoy impresionado.