22 de noviembre de 2010

Minutos que dan sentido a años.






















Hay momentos contados en la vida en la que todo te importa un pimiento, simple y llanamente porque eres feliz.
El tiempo se para y tu garganta agoniza, ahogando un grito mientras te retuerces la camiseta. El primer golpe de baqueta de la banda te pilla desprevenida y tu corazón se dispara al son de aquella canción que lleva anunciando tu trocito de felicidad diaria durante años. Tu estómago se encoge y la emoción te puede.
ÉL aparece de un saltó en el plató.
Lo miras embobada y descubres que mientras sonreías, tus mejillas se han humedecido.
Parpadeas y dos lágrimas se dejan caer sobre tu sonrisa lánguidas y pausadas, rompiendo el compás del orden de los acontecimientos. Y te preguntas cómo puede ser. Cómo se puede llorar de felicidad. Cómo y por qué no puedes articular palabra, por qué a la vez que lloras no puedes parar de sonreír.

Tu cerebro idiotizado en medio de aquella parálisis solo puede repetirse: es Él, es Él, esta ahí.
Él. Con mayúscula.






Aquel 28 de junio de 2006, mientras me desvivía en una carcajada en un chiste sobre chanclas; Andreu Buenafuente, se coló en mi vida.
Todo parecía una afición normal hasta que me di cuenta de que no podía pasar un día sin ver el programa. Todo el verano descubriendo que cada día me parecía aún más genial.

Así, con 13 años yo llenaba mi carpeta con fotos de Buenafuente mientras mis amigas lo hacían de Zac Efron o Beckham. Cuando para el resto de la sociedad ya me había convertido en un bicho raro yo simplemente soñaba con ir al programa. Sólo con eso.


Sin saber exactamente por qué y sin haber intentado darle explicación, Andreu, daba sentido a mi vida. Desde tan lejos, sin que tenga ni idea de quien soy, sin que ni siquiera llegue a tener algún día idea sobre mí.

Era y es capaz de obsesionarme, de hacerme sonreír cuando nadie lo consigue ni a punta de navaja, de hacerme perder el tiempo frente a la tele y que me sienta renconfortadamente orgullosa de ello, de garantizarme una buena dosis de ojeras cada mañana, pero sobre todo: de hacerme feliz.



Cuando pensé que este hombrecillo no podía cambiar mi vida más de lo que lo hizo, llegó mi cumpleaños y mis 18.


Si sólamente pudiera quedarme con 5 minutos de mi vida y olvidar el resto, elegiría primero el momento en el que entró al plató de un salto y mientras el batería se dejaba los brazos en la traca final de la melodía del programa y mi estado de felicidad era máximo, me miró; y cuando lo tuve a 10 cm en una foto colectiva y me atreví a tocarlo.
Luego no tuve valor para llamarlo y darle las gracias. Con mirarlo sin pantalla de por medio me valía.

No sé ni siquiera si llegan a completar un minuto pero no me cabe ninguna duda de que pasará mucho tiempo hasta que vuelva a vivir un minuto con esa intensidad.

Porque la felicidad es eso, un minuto.








Gracias a Andreu por darme la posibilidad de decir con la boca bien grande, que los sueños, digan lo que digan, se cumplen.


Porque es genial, porque su trabajo ha sido una de mis mayores suertes, porque nunca me temblará la voz al decir que es el mejor. Y porque en definitiva le ha dado a mi vida el sentido que de otra forma, nunca hubiese tenido.







Gracias a Alea acompañarme en esta locura desde que me dijo: "Mis padres no me dejan, pero vamos a ir. No sé como, pero iremos"

7 comentarios:

Elena Lechuga dijo...

Brindo por más momentos así...

Vanessa dijo...

Enhorabuena por ese momento! Te comprende perfectamente pq también tengo un ídolo muy importante para mí, q más q un ídolo, ya se convierte en una persona q parece q conociera de toda la vida. Es increíble como ciertas personas pueden marcar nuestros sentimientos!
Besos!

Elogio de la locura dijo...

jajajaja que cierto es Vanessa. El otro día, defendiendo la bondad que Andreu tiene, me preguntaron como podía estar tan segura si no lo conocía...

Me uno a tu brindis, Elena, con la esperanza de que haya muchos más como este :)

Gincrispi dijo...

Enhorabuena por cumplir un sueño. ¡Qué cumplas muchos más!
Saludos.

Tropiezos y trapecios dijo...

Ni que lo digas amiga..grande, muy grande este señor!!! Yo también soy una gran admiradora, es un verdadero maestro...que suerte que has tenido al verle :)!!! Y que dure,q ue dure ese instante de felicidad!!!
Un beso preciosa!!!

Elogio de la locura dijo...

jajajaja a ti también tropiezos?
si es que es DEMASIADO grande, bueno que te voy a contar jaja
Me ofrezco voluntaria a acompañarte a verlo si tus amigos no se animan ;)
un besazoo!!!

Josemy dijo...

A mi me pasa lo mismo y no soy gay ni nada ,pero de verdad ,la primera vez que lo vi en directo , con esa cabeza y esas grandes gafas vi una persona que no es que tuviera una mundo dentro tenia varias planetas con sus soles , ademas me consta que su nivel humano supera aun mas su nivel artistico , en mi blog he puesto unas fotos de el plato desde fuera de el mes de julio , no me dejaron entrar dentro normal. Yo le sigo desde que empezo en la tv catalana ,empece a aprender catalan leyendo sus libros.