7 de noviembre de 2010

Domingo
























Como unas botas vividas,
cual calentón mortal de un flexo,
como el vómito cansino de la rutina,
la maldita tos me agarra del pecho.

Lo inevitable se vuelve bordón,
un mi mayor desafinado,
que suena a tristeza y ardor,
del vagabundo que es héroe y villano,
si le quitan de la mano el cartón
y no le dan la razón en el paro.


Se me sale la voz por los ojos,
ya no cabe su dolor en mi pellejo.
Pero si la noche llueve es humano
que me vuelva su olor y su reflejo.

Mañana tendré en diferido
el sonsonete mustio de mis pesares.
El no, el pavor, el olvido,
los alientos muertos en los cristales,
un pasado roto y sin recibo,
que ya solo descambian en los bares.



4 comentarios:

Elena Lechuga dijo...

Me encanta cómo lo has escrito. Realmente bueno. Gracias por compartirlo.

Natalia... dijo...

Hola Alea! Espectacular texto, has descripto fabulosamente bien ciertos pesares humanos...que inevitablemente ocurren!
Besos!

Alea dijo...

Elena, gracias a tí por pasarte y leerme! =)

Natalia, habrá que afinar la cuerda de lo inevitable para que al menos, sea más llevadero ;)

Besoss

Vanessa dijo...

Me encanta, es genial. Sobre todo la parte del final, palabras de auténtica poeta.
Un beso!