16 de febrero de 2011

Planes inconclusos

Hoy el viento ha revuelto las dunas del recuerdo.
Frente a la inmensa blancura de los folios dejo caer el bolígrafo. Retumba en mis oídos aplomando las preguntas. Dándole el pistoletazo de salida a las imágenes en blanco y negro, desgastadas por las esquinas y empolvadas con el paso del tiempo.
¿Qué fue de ayer, y de hoy?
¿Qué fue de las tardes en las que diluimos el tiempo separados?
¿Qué hay entonces, de tí y de mí?
¿Qué nos ha quedado?

Mis manos, hartas de escribir promesas y redactar declaraciones de buenas intenciones que al final… no llegan a ningún puerto actor.

Sigo, sin parar de preguntarme, por qué.
¿Por qué hay siempre algo más importante que preguntarte qué pasó?
Hojas de agenda blanquecinamente libres sin rastro de preguntas. Páginas que no quieren oír hablar de respuestas.

Sigo esperando el ultimátum de mi paciencia como el que espera la muerte de la propia espera. Porque no hay nada más eterno que dejar el tiempo pasar.

Intento comprender cómo el miedo ha barrido toda la valentía y ha convertido todos mis intentos en simples planes condenados al largo plazo del nunca.

A día de hoy, el único plan incompleto y urgente sigues siendo tú.
También sé sin fe de engañarme una vez más que, a fin de cuentas, el horizonte temporal sigue siendo indeterminado.



Tras el vaho de la desesperación se esconde el sostén de la felicidad del ignorante, que confía en no conocer la verdad para creerse alguna verdad a medias que le mantenga con fuerzas…

Porque no tener un no, es tener un quizás. Y tener un quizás es el pasaporte para seguir soñando con el sí.

3 comentarios:

Vanessa dijo...

No tengo comentarios, simplemente es genial.
Los dos últimos párrafos me encantan!
Besoss!

Anónimo dijo...

Cuánta razón.

Anónimo dijo...

¿Qué fue de ayer, y de hoy?
¿Qué fue de las tardes en las que diluimos el tiempo separados?
¿Qué hay entonces, de tí y de mí?
¿Qué nos ha quedado?

Preguntas que nos hacemos cuando todo va bien y de repente las cosas cambian y no sabes el motivo.

Tras el vaho de la desesperación se esconde el sostén de la felicidad del ignorante, que confía en no conocer la verdad para creerse alguna verdad a medias que le mantenga con fuerzas…

Es triste ser ignorante... pero por desgracia la ignorancia nos consuela...

Porque no tener un no, es tener un quizás. Y tener un quizás es el pasaporte para seguir soñando con el sí.

Este último párrafo es algo positivo... pero a veces no tener un "no", no es tener un quizás... simplemente ese "no" no ha llegado todavía... creo que en la vida siempre hay que ser positivos :)