11 de junio de 2010

Hasta nunca

Vuelvo sobre mis pasos, sobre aquellas baldosas que nos vieron reír sin control, sin medida y sin complejo.
Ese escalón que oyó secretos confiados a la garantía del silencio y del consuelo.
Llamadas telefónicas con una extensión poco, o nada, razonable donde me limitaba a contarte las mismas anécdotas de siempre.
Y al otro lado, tú las recibías con las carcajadas de siempre... esas que ahora son de nunca.


Anécdotas, que ya no puedo compartir con nadie, porque ya no tienen gracia si no te adelantas a los detalles que la emoción hacía pasar desapercibidos.

No puedo dejar de reír al darme cuenta de que eres la que más sabe, supo, y sabrá de mí.
Aún río cuando me dijiste: "¿qué de periodistaaa?, yo te veo de mujer de negocios..." y te sonreí contestándote: ¿qué dices, tía? que va, que va

Ahora pretendo entrar en Económicas... curioso, ¿eh?


Necesito convencerme de que aquellas tardes azucaradas con gominolas, de conversación interminable no volverán, pero ¿sabes? me niego, me niego porque las echo tanto de menos... que me da miedo aceptar que jamás se volverán a repetir.

Y ahora me pregunto... ¿qué narices hizo que esos años se diluyeran dejando una mancha difusa de recuerdo y rabia?

¿Qué puso el punto y final?


























... mierda de orgullo...

2 comentarios:

Tropiezos y trapecios dijo...

Tú lo has dicho: Mierda de orgullo. Me quema ver cómo por no dejar de mirarnos el ombligo nos permitimos perder el contacto con la gente que nos importa.

Elogio de la locura dijo...

Cierto... y lo peor es darse cuenta cuando ya es demasiado tarde