27 de agosto de 2010

Ha vuelto a pasarme.




Ha llovido. Mucho. Salgo, con paraguas en
ristre a pasear todo lo melancólicamente que sé.

Vuelvo a caminar sin saber a dónde. Haciendo de la calle de siempre un lugar lejano, alejado de la realidad que refleja aquel intrínseco callejón de mis recorridos vitales colmados de estrés.

Y es que parece otro, iluminado por los vagos rayos de sol que se cuelan entre el manto nubloso y grisáceo.

Cualquier día habría apostado por que aquel sería el escenario más explícitamente perfecto para un secuestro express o un simple hurto con arma blanca pero hoy, sinceramente, me da igual. He salido con lo puesto. Sin dinero ni bolso. Con las manos en los bolsillos y la fábrica de frases célebres tan susceptiblemente olvidadizas lista para embotarme la cabeza .


Mejor será que me deje de gilipolleces y vuelva a casa a darme una ducha caliente que voy a pillar una pulmonía.
Pero si es que cualquiera que me vea en mitad de la calle empapada por la lluvia con los mechones de pelo pegados a los límites de mi pálida y ojerosa cara.

Media vuelta. Quién pudiera darle la vuelta al tiempo. Dar un salto atrás sin efecto mariposa ni retroactivo alguno.
Nadie se imagina cuánto me gustaría disfrutar de esta estampa de chaparrón veraniego de tu mano.
Pasar las pocas horas que quedan de luz dedicándote fotos inútiles que luego borraré por haber salido borrosas.
Ni te imaginas cuánto deseo que el olor del café inunde mi pituitaria mientras me acomodo sobre tus rodillas oyendo llover sobre el cristal. Entonces, en aquel idílico paisaje me sería imposible contenerme.

Me quedaría embobada hasta que un "¿qué?" me despertara y tuviera q esconder mi extraña obsesión con un "nada, que... hoy estás muy guapo".

Déjalo, he vuelto a delirar. Es que esto es tan asquerosamente tétrico que pierdo los papeles de la compostura de témpano. Esa de indiferencia absoluta.

No sé como voy a decírtelo. De verdad que ya se me han acabado los adjetivos.
Intentaré reunir en un quédate, con un tierno anda porfa sin olvidarme de una caratoña juguetona y cariñosa para perderme en el mar de miel que tienes instalado bajo las pestañas.
Para trasladarme intermitentemente al cuello que devoraría a tiempo completo.

Bajo aquella lámpara hippie de Camden Market, ¿te acuerdas?



Basta por hoy.

1 comentario:

***Vanessa*** dijo...

La lluvia a veces creo q está hecha de lágrimas, porque siempre nos traen recuerdos, dulces recuerdos.