29 de agosto de 2010

"¿A quién pretendo engañar...?"


Falda corta, rimmel hasta las cejas y carmín más allá de la corrección colorea violentamente sus labios rodeando sin mesura la comisura.
Se sonríe frente al espejo. Sabe que aquella falda le queda genial.
Ya solo faltan dos gotas de perfume, bolso en mano y la promesa que tanto llevaba aplazando su desgana.

Perder la razón en la barra de un pub inglés del centro. Como único artífice no étilico, los brazos de algún hombre indecente, con manos enormes y espalda ancha.
Dejarse olvidado el sentido del espacio y el tiempo entre el humo del cigarrillo que nunca fumó. Vestida con sonrisa lasciva del tipo de chica que nunca se propuso ser.

Después de tanto tiempo esperando la llamada que siempre supo que nunca recibiría era hora de cumplir propósitos de orgullo.

Y allí en la puerta, desvió por última vez la mirada hacia el
impertérrito teléfono. Con ojos inquietos suplicando se mordisqueó el labio hasta que reunido el valor suficiente, cerró la puerta.

Mientras encajaba la llave, rompió a llorar.

3 comentarios:

***Vanessa*** dijo...

Es complicado intentar llenar el espacio de las llamadas que nunca hemos recibido.
Besos!

Tropiezos y trapecios dijo...

Dímelo a mi...que llevo tres años esperando una llamada que jamás va a producirse.

Quizás sea hora de mirar más allá, de seguir adelante. De arreglarme y salir en busca de mi mismo y no de algo que perdí.

Un saludo.

Oski.

Elogio de la locura dijo...

¡Y peor que el espacio el silencio, Vanessa!




Seguir adelante aunque cueste horrores.