6 de agosto de 2010

Vale, sí.

De repente. Desordenando toda la tranquilidad que pudiera quedar en un sábado de exámenes.
Con un..."vamos a tomarnos un café que tengo ganas de recordar viejos tiempos"
Con un, a fin de cuentas, volvamos a intentarlo.
Así. En un abrazo.

¿Sabes?
No quiero otra historia repetida.
Tan sólo un poema. Una rosa roja que recoja todas las veces que nos sonrojamos. Un boli con gatillo. Las líneas desordenadas de tu caligrafía en el lívido folio de un proyecto. Con tachones, con enmiendas, con comas para acelerar el ritmo.
Sin márgenes. Sin orden ni concierto. Con sabor a polisíndeton.
Que no acabe con un punto, para que sepa a poco.
Y como final un "y"
Si puede ser, sin puntos suspensivos. No quiero frenar el ritmo de un pistoletazo de salida, ahora que todo vuelve a empezar.



Por último, para no pecar de pedigüeña, una rutina, un lunes frente a un café de desgana y una tediosa magdalena; pero con el edulcorante de un buenos días, princesa. Y en la oficina la foto de este reencuentro. Del último.
En blanco y negro o en color.


A todo esto, dime una cosa, ¿has vuelto para quedarte, ¿no?


























Porque te estaba esperando...

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Sugerente relato, Cristina, y excelente blog. De vez en cuando me daré una vuelta por aquí porque todos, en algún momento y de algún modo habitamos en la Stultitiae Laus... Un saludo de José Luis.

M. dijo...

Agarralo y no lo sueltes como si nada.

Elogio de la locura dijo...

Gracias José Luis por darte una vuelta, estás invitado siempre que quieras a leer nuestras locuras varias.

M. nunca ;)