2 de junio de 2011

La planta de alambre (I)

Antes de que la tormenta eléctrica que anunciaba el hombre del tiempo terminara de sacarme la tristeza de los ojos, decidí irme de la ciudad y evadirme por un tiempo. Metí en la maleta lo que aún se salvaba del cesto de la ropa sucia, cogí el poco dinero que me había devuelto el mes de marzo y salí a la calle, que alguna farola cansada había dejado de iluminar.
La estación no quedaba demasiado lejos de mi habitación de alquiler pero estaba comenzando a chispear, así que tuve que darme algo de prisa.
Los bares empezaban a cerrar y los barbudos de cama ausente se acomodaban en los huecos techados de la acera. La fuente del parque guardaba el agua de lluvia de toda la semana, la ciudad pasaba por mis pies y...
Y él a la vuelta de la esquina.Tantísimo tiempo después, en el momento más inoportuno.
Me llamó, me dijo sonriente que me montara en su coche, que iba a empaparme. Me quedé quieta, se me escaparon un par de lágrimas, y prácticamente sin pensarlo obedecí.
En el intervalo de tiempo entre mis maletas y sus ojos, ya me había puesto a llorar.
Él mantenía la compostura.
-Yo también tengo miedo-, me dijo mientras cambiaba a segunda.- Pero supongo que debemos tomárnoslo con calma, no se puede hacer nada ya...
Escuché de su boca otro par de frases predecibles y embusteras antes de llegar a su casa. Cogió mi maleta y me invitó a pasar con un gesto caballeroso.
Yo no sabía si tenía ganas de volver a verle, apenas me importara que fuera él u otro quien había impedido que me marchara.
Su voz sonaba a blanco y negro pero no se lo dije.
Tardó poco en acercarse al sofá en el que yo me había sentado. Se puso a mi lado y me cogió la mano.
-¿En serio vas a a pasar sin hablar los tres meses que quedan?

2 comentarios:

VANESSA dijo...

Jo, qué triste! pero al menos la rescató antes de irse, aunque fuera en el último momento, más vale tarde q nunca ¿no?
Besoss!

Alea dijo...

jaja siempre hay alguien q te salva Vanessa ;)